Cualquiera que nos haya seguido desde el inicio sabe que hemos cambiado de metodología varias veces. Unos lo llamarán Kaizen, otros lo llamarán “culo veo culo quiero”, otros lo llamarán “vagabundeos por la el mundo de la agilidad”. La cuestión es que empezamos con un SCRUM chapucero, evolucionamos a un Kanban de postal y ahora estamos con un ScrumBan del que nos podemos sentir bastante orgullosos.

El tamaño del sprint también ha sufrido alguna que otra modificación. Empezamos, como mandan los cánones, haciendo sprints de 2 semanas (casi tan difíciles de estimar como de implementar), el resultado, por novatos, fue tan malo que nuestra evolución por reacción nos llevo al lado contrario, “¿un sprint largo? ¡no!, mejor”, fuera sprints y viva el despliegue continuo. El despliegue continuo (también llamado bug continuo por aquellos tiempos), funcionó mientras teníamos una aplicación beta en un puñado de tiendas alrededor de nuestro apartamento de Bogotá. En cuanto nuestra red de tiendas y nuestra exigencia aumentó volvimos a los sprints, esta vez largos, de 2 meses, dada la gran dificultad para actualizar todas y cada una de las tiendas a mano y volvimos, por tanto, a Scrum pero con un toque de Kanban: Scrumban.

Pronto nos dimos cuenta de que el entorno real en el que se ejecutaba nuestra aplicación no era comparable al de nuestra oficina, ni a nada que pudiéramos reproducir en ella, así que seleccionamos una tienda como beta tester y decidimos instalarle antes las versiones que producíamos. Concretamente decidimos dividir nuestro sprint de dos meses en tres mini-sprints de 3 semanas e instalar la versión resultante de cada uno de esos mini-sprints en la tienda de nuestro compañero Boris para que él nos diera feedback temprano.

El resultado ha sido que las primeras historias que se implementan en el sprint no tienen que esperar dos meses para llegar a una tienda de verdad, sólo 3 semanas, de forma que detectamos los errores antes y los corregimos antes, además de que repartimos los tests exhaustivos pre-release durante todo el sprint en lugar de acumularlos todos al final y mantenemos la tensión (la buena, se entiende) del equipo de forma constante. No hemos, no obstante, modificado la estructura del sprint, que se planifica para dos meses, es decir, no hacemos planficación, demo y retrospectiva en cada uno de los mini-sprints, sino sólo en el sprint principal. Los mini-sprints nos marcan los hitos en los que es necesario alimentar a nuestro beta-tester para ir cazando errores complicados, (para los fáciles tenemos el TDD, los test de integración y demás) que de otra manera se macerarían durante unas cuantas semanas provocando una infección de las buenas al final del sprint.

Así llevamos varios meses y varios meses nos quedan por delante. Hasta que llegue un momento en el que el ritmo de añadir funcionalidad a TiendaTek disminuya, la necesidad de nuevas versiones también y todos nuestros esfuerzos pasen a un entorno mucho más amigable y actualizable como es la web, entonces… ¿qué haremos?